Una leyenda urbana en el este de Córdoba

Un lobizon en San Vicente
La leyenda del Lobizón de Barrio San Vicente

¿Leyenda o realidad? Muchos son los cordobeses del Barrio San Vicente que hasta el día de hoy se preguntan si la aparición del lobizón en este sector de la ciudad fue real. Por eso, desde Canario Rosa, nos pusimos a investigar y descubrimos que, verdad o no, hay notas periodísticas que dan cuenta del hecho.

El mito del lobizón describe a un hombre que en las noches de luna llena se convertía en una bestia, mezcla de cerdo y perro de mirada centelleante, cuerpo peludo de color negro o cobrizo y orejas grandes. Sólo volvía a su condición humana al alba o cuando era herido con un cuchillo.

Dice el saber popular que los séptimos hijos varones estaban predestinados por la creencia a convertirse en “lobizones”; y sólo podían acabar con su existencia con el impacto de una bala de plata.

Cuentan los viejos pobladores de San Vicente, barrio situado en la zona este de la ciudad de Córdoba, que el lobizón era esa criatura espeluznante que salía en noches de luna llena desde la parte de atrás del cementerio para aterrorizar a la gente.

CanarioRosa corroboró esta información, siguiendo los dichos de algunos ancianos del lugar, recurriendo a la Hemeroteca de la Legislatura, y comprobamos que las apariciones de la criatura fueron relatadas por los vecinos en la década de los años 70 y principios de los 80.

Las historias siguieron, tal vez por obra del imaginario popular, y hasta se dijo que la criatura peluda ingresó una noche al recinto del baile de Sargento Cabral y causó terrible conmoción. Otros tienen la teoría que era un familiar de alguna de las víctimas de la Dictadura por cómo se ensañaba supuestamente con militares del Campo de la Ribera, y agentes del Comando Radioeléctrico.

Fantasía o realidad, la primera noticia que tenemos del hombre lobo de San Vicente data del 19 de abril de 1985, cuando La Voz del Interior publicó información sobre el temor de los habitantes por la presencia de un “hombre lobo”, u “hombre gato” para otros, que motivó grandes operativos de rastrillaje que duraban hasta altas horas de la madrugada.

“Centenares de efectivos policiales de la Seccional 5° y del Comando Radioeléctrico rastrean la zona del cementerio y del Campo de la Ribera, para hallar a un extraño personaje que tiene en vilo al vecindario”, relataba La Voz del Interior de aquél día en que el mito de la extraña criatura cobró vida.

Entre la comicidad y la seriedad, la crónica describe los infortunados encuentros de algunos vecinos con este “hombre alto, descuidado al vestir, huraño, con mucho pelo y de mal olor que erguido mide unos dos metros”.

“Sea lo que sea, hombre, animal, o un loco disfrazado, estamos convencidos que no lo impulsan móviles de robo. Días atrás asustó a una señora, a la que le arrebató la cartera. Posteriormente, la cartera apareció y no faltaba nada”, declaró un alto oficial de la Seccional 5°, cuya declaración figura en la noticia del diario.

TIROS, LIO Y COSHA GOLDA

Créase o no, el lobizón fue todo un caso para la Policía, al punto que hasta se comenta que Inteligencia intervino en la investigación; y hasta la nota de 1985 relata un episodio en el que la criatura le pega a un gendarme e inmediatamente otro de los militares abre fuego con su FAL pero ante la mirada atónita de los agresores el hombre lobo ni se inmutó. Salió corriendo con dos balazos en el cuerpo y después “sólo se encontraron unas manchas de sangre”.

El informante prosiguió: “Los investigadores coinciden en que la cosa, un ser humano cuyo cuerpo está totalmente cubierto de pelos, apareció en las inmediaciones de la Ribera para asustar a los gendarmes. Inclusive afirman que la bestia le pegó un tortazo o zarpazo a un militar arrojándolo a unos cinco metros de distancia”.

Los vecinos, atormentados, mantenían permanentes vigilias dotados de palos, piedras y acompañados por perros; y hasta hubo quienes se juntaron a rezar aquella alma en pena.

La nota del día 20 de abril del mismo matutino expresa: “Centenares de personas, policías y gendarmes se encontraban para rezar en la esquina de Ortíz de Ocampo, Bazán de Pedernera y bajada San José, antes de salir a dar con el monstruo al que identificaron como un lobizón”.

Tal como se puede observar en el comentario de la publicación del Diario Córdoba de abril de 1985, la historia motivó el interés de los parapsicólogos que sostenían y explicaban a la fuerza pública que podría tratarse de un “ser extraterrestre”, “un animal de otro planeta”; el cual se encontraba en un estado plasmático que pudo entrar a nuestra tercera dimensión.

Chanta disfrazado, cosa de mandinga o fenómeno paranormal, no hubo otras incursiones de nuestro peludo personaje en la prensa, ya que todo se cerró cuando el jueves 04 de mayo de 1985 “la Policía detuvo a cinco jóvenes estudiantes que aullaban sobre una tumba del cementerio, frente al crematorio”.

Difícil imaginarse la Córdoba de aquellos días, los temores e inquietudes de los habitantes de nuestra ciudad, pero ¿cuántas historias como esta habrán asomado al sol de La Docta y ahora duermen en las hemerotecas y en las páginas de los vespertinos custodiados por polillas sabelotodo?

La historia de los pueblos revive cada vez que se convierte en relato nuevamente, será cuestión entonces de no perder esta sana costumbre.

 

Fuentes: Archivos de la Hemeroteca de la Legislatura de Córdoba. Artículos de La Voz del Interior y del Diario Córdoba.

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