Una familia de aikidokas

familia Aikido
Javier Argañaraz junto a su madre y esposa

La Escuela de Aikido Kokoro Dojo es el escenario de práctica de cientos de cordobeses, como el caso del profesor Javier Argañaraz y su familia entera. ¿Cuáles son los beneficios de practicar esta disciplina?

Aikido en japonés significa “el camino de la alegría y la armonía”, es un gendai budō o arte marcial tradicional moderno del Japón que se caracteriza por una profunda espiritualidad de su pensamiento.

La característica fundamental del Aikido es la búsqueda de la neutralización del contrario en situaciones de conflicto, dando lugar a la derrota del adversario preferiblemente sin dañarle, en lugar de destruirlo o humillarlo.

Los practicantes de esta disciplina persiguen la armonía en cuerpo y mente, Javier Argañaraz, profesor de niños en la Escuela Kokoro Dojo destaca la importancia del entrenamiento en adultos pero especialmente en los chicos y la participación de sus padres en dicha experiencia.

Toda la familia Argañaraz entrena en esta escuela, localizada en Colón al 1238, y lo llamativo es que hasta la más pequeña de sus integrantes se entusiasma con el entrenamiento. Javier y Roxana tienen dos hijos, Ignacio y la pequeña Ludmila de tres años.

Javier Argañaraz y Roxana Bruno
Javier Argañaraz y Roxana Bruno

Nos muestra una foto de una pareja vestidos de kimono, la mujer tiene al hombre agarrado por el brazo y este está suspendido en el aire. “En mi vida la única que me hace saltar es mi mujer”, bromea Javier.

Con su esposa se conocieron practicando en el mismo dojo durante un seminario.
Fue amor a primera caída, a puro kokyu ho. Argañaraz ya estaba avanzado en la práctica del Aikido y Roxana recién llegaba. Se conocieron, practicaron juntos y la vio subir de nivel como marcialista con el pasar de tiempo, hace cinco años que están juntos, hasta que llegó a ser cinturón negro.

“En nuestra pareja no hay roles, los dos hacemos todo lo que haga falta hacer: yo cocino, cambio pañales, hago las compras y cuido los niños siempre que haga falta. Ella puede hacer cualquiera de estas cosas y hasta hacer arreglos en el hogar, cambiar una lamparita del baño. Es todo un trabajo en equipo y de respeto hacia el otro. Pero en general cocino yo más que ella porque me gusta cocinar”, nos cuenta el profesor.

“Para mí el Aikido es un estilo de vida e intento aplicarlo a todo, a la hora de cocinar, de hablar con mis hijos, de hacer deportes. Los practicantes forman una comunidad en cada dojo, tienen sus eventos de fin de año aunque no organizan torneos ni ningún otro evento de espíritu competitivo”.


Ambos son informáticos, analistas de sistemas; los dos tienen trabajos de oficina con jornadas de 8 a 17 horas, los chicos van al colegio y a la guardería y se quedan después un rato con la abuela dependiendo del día. A pesar de las corridas cotidianas, nadie se queda sin su entrenamiento.

kokyu ho
Roxana Bruno y Javier Argarañaz

A las 19 horas voy al dojo y la más chiquita viene conmigo a la clase, mientras mi mujer y el más grande van a la práctica de adultos; pero estamos entrenando todos juntos en el mismo lugar porque no hay divisiones. Luego nos turnamos para que uno de los adultos se lleve los chicos y el otro pueda seguir entrenando”, explicó el entrevistado.

Inteligencia emocional y Aikido

“El principio del aikido es armonizar con la gente y no llegar al punto de la agresión, obviamente también hay una parte física y técnica que está relacionada con los golpes, pero la base del arte es la armonía y el respeto mutuo”, señaló Javier Argañaraz.

En este arte marcial uno de los principios para trabajar la armonía es el mahai, palabra japonesa que hace referencia al espacio personal que poseemos y que no hace alusión a una separación o desconexión con el otro sino que se trata del respeto de este espacio para manejarse con confianza y en relación con las demás personas.

¿Viste cuando alguien te saluda y te tira el cuerpo encima invadiendo tu espacio? – continúa Javier -. Bueno, se trata de evitar esto traduciendolo a todos los aspectos de la vida, al tono de voz, en la relación padre e hijo, jefe y empleado o entre compañeros; siempre la idea es respetar al otro”.

Javier es profesor de Aikido para niños desde hace tres años, como padre y profesional con experiencia en esta disciplina, recomienda introducir a los niños en este arte que brinda muchas ventajas en la formación de habilidades sociales y subjetivas más allá de sus herramientas de defensa personal.

Doy clases tres horas por semana y tengo un promedio de 20 niños. En general, lo primero que lograrán como alumnos más allá del estado físico y la flexibilidad, es aprender a respetar y comprender en un entorno de diversidad. Tengo alumnos desde 5 hasta 12 años y todos se llevan bien, es una disciplina que se practica con gente de todas las edades siempre implicando una destreza física y un aprendizaje diferente”, argumentó.

La diversidad es un aspecto muy frecuente entre los aikidokas, casualmente en las clases de Argañaraz se vivieron distintas experiencias con niños con capacidades diferentes que fueron muy ricas en la transmisión de valores como la solidaridad, el compañerismo y siempre en un ambiente de respeto mutuo.

En este sentido, Javier comentó que en sus clases tiene niños con algunos grados de autismo y Síndrome de Asperger que se integran a las actividades sin ningún tipo de problemas.

Clases en Kokoro Dojo Casa Central

Clases en Kokoro Dojo Casa Central

“Los niños tienen una capacidad de adaptación increíble a compañeros de todas las edades y condiciones sociales; para ellos no hay diferencia: todos van con el kimono blanco. Los niños llevan los cinturones de los colores que ellos quieren, no hay una jerarquía sino que esto se adquiere con la práctica y en edad adulta”.


“Esta semana me pasó que fue un chico con Asperger, y en la escuela se le paralizó la cara. Temíamos que sus compañeros se burlaran, y lejos de ese tipo de reacciones, vinieron, le preguntaron qué le pasó y le hicieron masajes en la cara. Le tuvieron paciencia porque le costaba la pronunciación y yo no les dí ninguna indicación”, recordó con orgullo.


A estos chicos que han venido con algunos problemas y dificultades para expresar o manejar las emociones, el profesor Argañaraz les ha notado ciertas mejoras, al principio ni saludaban y eran muy introvertidos y llegan a involucrarse mucho más.

Por ejemplo uno de ellos, que viene desde hace un año, ahora muestra que ahora tiene mejores notas y participa, tiene más confianza en sí mismo. Quieren hablar y expresarse, saben que en el dojo tienen su espacio y que su espacio vale.

 

Ignacio Argañaraz
Ignacio Melgarejo en sus primeros años de Aikido

La paciencia, el entorno de silencio y concentración se tornan elementos fundamentales que contribuyen a la educación emocional de los alumnos, especialmente respecto al manejo de las emociones y la frustración en los niños; o del enojo y estrés en el caso de los adultos.

Javier siempre se los recuerda a los grandes. “A mis compañeros de práctica, siempre les digo que tienen que tomar clases con sus niños porque les ayuda con el manejo de las emociones para no estar siempre enojados o estresados”.

En las clases se trabaja mucho con los padres, de acuerdo a lo señalado por Javier, especialmente en ocasiones del Día de la Madre o del Padre vienen todos y practican con sus hijos; en el Día del Niño vienen a practicar con sus amigos.

La idea los niños aprendan a no exponerse a una situación de riesgo desde lo básico, no hablar con desconocidos, si alguien viene en el colegio les decimos que no se dejen pegar y se alejen; tampoco que estén repartiendo golpes porque no por ser marcialista vas a pegar por pegar ni dejarte pegar.

El Aikido suma ventajas para la seguridad física pero también para el bienestar integral de toda la comunidad de la Escuela Kokoro Dojo que, como bien se traduce a su idioma japonés original (que llega al corazón), es un arte que también llega a lo emocional que se recibe con el corazón y haciendo amistades.

 

DATOS ÚTILES
Escuela de Aikido KoKoro Dojo, perteneciente a la rama Aiki Kai.
Facebook: Kokoro Dojo casa central
Dirección: Avenida Colón 1328, al lado de la Jefatura de Policía.

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