La escuela de vida de Pueblo Mampa

Pueblo Mampa, una aldea agroecológica
Pueblo Mampa, una aldea agroecológica

Una aldea de agricultores propone un sistema de ideas alternativas de producción y establecimiento de la vida humana que plantea una existencia en sintonía con las fuerzas de la naturaleza.



Si habrá historias maravillosas que contar, una nos llevó hasta Pueblo Mampa. Podemos comenzar refiriéndonos a esta comunidad como un grupo de personas que ha logrado un estilo de vida sustentable; o con un enfoque más ambicioso aún, hablar de un proyecto social que en los márgenes de un sistema plantea una solución para mejorar el actual y estresante modo de vida de las ciudades modernas y el problema del consumo. Todo esto es Pueblo Mampa.

Lejos de ser un grupo improvisado de agricultores, es una comunidad de fuerte arraigo y disciplina de trabajo autogestionado y responsable en términos de cuidado del medio ambiente; una aldea erigida en un entorno de profundo respeto humano y con el monte nativo que los rodea.

Fuimos a su encuentro camino a Arroyo Cabral, siguiendo una ruta que los habitantes de Villa María señalan que figura dentro de las obras realizadas por la gestión de turno pero que los pozos y mal estado acusan su falta de mantenimiento, y los encontramos junto a la Estancia de Villa Fiusa, a 30 metros camino adentro.

“Es un proyecto de permacultura, un método de diseño de hábitat y de todas las necesidades culturales que tiene el hombre; ofrece puntos de vista para que cada persona genere su información. Estudia la fuerza de la naturaleza y cómo influye en nuestra vida, los procesos de la tierra y cómo el hombre puede conducir su vida y su cultura de forma paralela a la fuerza de la naturaleza”, así resume Leandro Menaldi, uno de los principales impulsores del proyecto, qué es Pueblo Mampa y el concepto de permacultura.

La aldea se compone de biblioteca, espacio de huertas, girgolario, cova de meditación, zona de creación artística, sector de las viviendas o casas pozo; y los baños secos. Allí sus integrantes conviven armoniosamente bajo un principio de disciplina ligado al trabajo, en el que todos conocen cuales son sus deberes y se debate cada decisión respecto a las actividades que se realizan.

Las acciones que realiza cada individuo se entregan a un proyecto de comunidad en su máxima expresión, en el que son las personas son las que desarrollan el sentido de lo grupal. Todas aportan al bienestar de la comunidad y a la productividad que les garantizará la viabilidad económica del proyecto.

El sentido de pertenencia les lleva a trabajar la tierra con una entrega comunitaria, y vivir con este sentido implica también que las responsabilidades se resignifican para ser un poco padres y tíos también de los niños de esta aldea, y de cuidarlos sintiéndose parte de una gran familia.

 

“Pueblo Mampa es una aldea agroecológica que se dedica a la comercialización de sus productos orgánicos, cultivados en su predio de 65 hectáreas (45 son de monte nativo) en las afueras de Villa María. Es un proyecto basado en el concepto de permacultura y el trabajo colectivo como medio de vida”.

 


El impulso de ser parte

Leandro Menaldi y Marianela Borsero son parte del grupo inicial que dió vida a este proyecto de permacultura, viven allí desde hace cinco años junto a sus hijos Pedro y Violeta. Leandro trabajaba como productor de Artes Audiovisuales hasta que se le presentó la necesidad imperante de llevar una nueva vida.

“En un determinado momento nos vimos inmersos en un sistema en el que se nos complicaba conseguir alimento de buena calidad y la crianza de los niños sin tener que tercerizar esa situación porque con el trabajo y todas las demandas sociales era difícil. El parto de una de nuestras hijas, que nosotros lo quisimos hacer de una forma más natural, terminó por llevarnos a tratar de crear otros mecanismos”, nos explicó Leandro.

Comenzaron a reunirse con un grupo de personas con las mismas inquietudes y pronto se animaron a practicar vida comunitaria: Criar los hijos entre todos y hacer huertas en los patios para tener un abastecimiento mínimo de alimentos, colaboraban entre ellos en el mantenimiento de las casas y realizaban compras de cajones de verdura y artículos de higiene de manera grupal.

 

huertas organicas
Sector de Huertas organicas en Pueblo Mampa

“Nos ayudabamos con algunos labores con el sueño de que algún día pudiéramos acceder a un terreno más grande para poder avanzar en esta práctica. De a poquito todos fuimos soltando nuestros trabajos porque nos dimos cuenta que el sistema funcionaba muy bien y que podíamos ser autosustentables y autosuficientes – continuó Menaldi -. Oportunidades llegaban de todos lados, gente que ofrecía tierras y elegimos este predio en acuerdo con la Estancia Villa Fiusa”.

Juan Francisco Iaconis vive desde hace un año en Pueblo Mampa junto a su novia Malena Maika Leonardi. Él fue nuestro guía y, durante nuestra visita, nos comentó que cada persona que se acercó u hospedó en la aldea compartió sus conocimientos, muchos ingenieros agrónomos amigos o profesionales y, por ejemplo, un visitante les enseñó a hacer instrumentos de música para los niños.

 

Juan Iaconis vive en Pueblo Mampa junto a su novia, Malena Maika Leonardi.“Vivo con mi novia, y aún no tenemos hijos pero esa es la idea sólo que nos falta el nido. Nuestra casa está en construcción, vamos de a poco pero a pasos agigantados”, expresó nuestro anfitrión.

La comunidad está integrada por 14 personas, cuatro niños, dos familias constituidas y el resto son jóvenes. Los proyectos comunitarios grupales son cíclicos, a veces su número de integrantes varía por temporada debido a que algunos de ellos inician otros proyectos o se van a vivir a comunidades de similares características.

“Recibimos apoyo constantemente, todo fue muy intuitivo y autogestionado, como el espíritu inicial fue hacer todo fraternalmente, transparente y abierto siempre estamos convocando a amigos, parientes y personas de la región; a profesionales que viven en Buenos Aires o en Santa Fe y los invitamos para que nos visiten y en esas visitas nos dejan conocimientos”, destacó Leandro.

Hábitat y Sustentabilidad

Todo el ecosistema Pueblo Mampa está pensado para llevar una vida orgánica y sustentable en todas sus formas y prácticas en relación a su entorno de bosque nativo. Los integrantes de esta comunidad viven en casas llamadas “casas pozo”, una tipología que se remonta a los tiempos de los comechingones y que responde a un estilo de vida totalmente adaptado al monte.

“El foco principal de nuestras actividades es el cultivo intensivo o extensivo en las huertas orgánicas, luego está la construcción por una cuestión de necesidad de habitat, y después están los oficios de trabajo que les llamamos las labores sagradas: la alfarería, el hilado y su teñido; recuperando la cultura de lo que hacían nuestros ancestros”, nos comenta Marianela Borsero.

 

Marianela Borsaro
Marianela Borsero junto a su hija, Violeta.

Lo que funciona para los mamperos es que cada cosa tiene su ciclo en la aldea, esto hace que sea un proyecto sustentable sin impacto para el monte nativo pero a pequeña escala, ya que son conscientes de que tienen capacidad para albergar dentro de las 25 hectáreas habitables y alimentar con lo que producen a un grupo de hasta entre 20 y 25 personas.

En palabras de Malena Leonardi: “Aquí se abre un ciclo y se cierra, por ejemplo luego de la cosecha y elaboración de alimentos para eliminar los desechos de la comida tenemos el compost al lado de la plantinera. Esto hace su proceso natural de compostaje con las lombrices y después se usa como fertilizante y abono para la tierra. El compost de los baños secos tiene una fundamentación ética porque aquí también cerramos un ciclo, yo como, hago mis necesidades y esto va a un compost especial que no va para los alimentos, sólo va a la tierra”.

Las aguas también cumplen con un proceso para garantizar el cuidado del medio ambiente: “el agua sale de los molinos, la usamos para lavar pero tenemos jabones biodegradables, o lo más neutro posibles; además cerca de la bacha donde lavamos hay todo un sistema de fitodepuración; entonces también vuelve a la tierra de una manera limpia”, aseguró Malena.

Según lo que nos señalaron los organizadores, la fitodepuración es un tratamiento de las aguas grises, del lavado y también puede ser de la orina, que se va depurando de manera sanitaria. “Y en este caso por la acción de las plantas, arena, piedras, raíces; el agua va pasando por distintos filtros y a la salida de este proceso se van eliminando todo tipo de toxicidades”, explicó Leandro.

Otra de las prácticas tendientes a cuidar los nutrientes propios de esos suelos es la diversificación de los cultivos y preservación de las especies nativas, además de continuar sembrando árboles y plantas autóctonas, equilibran en la zona las especias exóticas que son endémicas con la flora propia del monte.

“Una cosa que nosotros preservamos como proyecto es la vida, entonces todos los procesos, todos los ciclos preservan la vida; hablamos de microorganismos en la depuración del agua, en el compost del baño, en el fitodepurador, todo lo que vuelve a regenerar los suelos es vida. ¿Por qué los regeneramos? Porque están muertos por el uso de los agroquímicos, por muchos agregados y necesitamos involucrar de nuevo la vida en el suelo”, manifestó Marianela Borsero.



La escuela de la Vida

“Los chicos aprenden cómo se cosecha una mora, el ciclo natural del árbol y en qué estación están; y de repente no están aprendiendo sólo Matemáticas, sino también Ciencias Naturales, Historia, Geografía, Cocina, Medicina; se interrelaciona todo porque así es la vida”, nos señala Malena Leonardi.

 

Los mamperos anhelan para sus niñas y niños el diseño de una educación que pueda llevarse a cabo en su comunidad, sin descuidar el vínculo con la ciudad e involucrando los niños de otras escuelas y el intercambio de experiencias de aprendizaje. Por el momento sólo Pedro se encuentra en edad escolar.

“Uno solo de los niños está en edad escolar, Pedro de 7 años, y está yendo a una escuela rural que está a dos kilómetros y con la que colaboramos mucho con conocimientos de huerta y soberanía alimentaria; cualquier actividad cultural que se genera aquí lo compartimos en ese ámbito escolar y otros”, nos informa su mamá, Marianela Borsero.

“Para los más chiquitos queremos una educación alternativa– continúa Marianela -, en realidad la educación está siendo todo el tiempo en la alfarería, el cultivo y desde el comportamiento. La idea es que la educación se imprima desde este proyecto, al menos para los primeros años de la infancia, ya después tendrán tiempo para elegir mientras su base sea amorosa y rica. Hoy somos los responsables de elegir que clase de adultos queremos ser y esta es nuestra oportunidad”.

La alimentación sana es parte de esta transmisión de valores y conocimiento, se cuida el consumo de golosinas; que sus actividades sean al aire libre, lejos de la soledad de las pantallas tecnológicas y más cerca de los libros, rodeados de naturaleza. La escuela viva para la comunidad es esta educación interna, toda la experiencia de vida de Pueblo Mampa.

“Nuestra hija tiene cuatro años y conoce todas las plantas que hay acá, que son más de 100 y puede identificar a la mayoría. Saben los usos que tienen muchas otras y estos son conocimientos que en la sociedad no son tan valorados. Y en el tiempo que estamos acá, al no tener electricidad se les cuenta muchos cuentos, se les enseña música y cuando hacemos alfarería, ellos juegan con la cerámica”, describe Borsero.

La vida de los niños en Pueblo Mampa transcurre lejos de la cultura de la guerra, el bullying y la intolerancia, fomentando más el respeto y la empatía con el otro. Observan y aprenden los oficios que realizan los grandes, juegan y exploran el entorno conociendo la naturaleza siempre bajo supervisión de los integrantes de la comunidad.

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