Café con gatos

Photo by uriel soberanes on unsplash
Photo by uriel soberanes on unsplash

La vida es como una taza de café. Todo está en cómo la preparas, pero sobre todo en cómo la tomas: Vainilla o canela; crema con chocolate blanco, aunque me gusta el café irlandés yo al torrado prefiero ponerle un gato. Un gato que uno pueda sostener con un sólo brazo y mantener cerca del pecho mientras en la otra mano se sostiene la taza con el brebaje mundano.

Como cuando la gente sale apurada y circula por las estrechas calles de los microcentros de todas las ciudades, y con la destreza de llevar los maletines arrastran sus cafetines; yo prefiero tomar un café con un gato entre brazos para sentir la experiencia completa y no enajenarse con lo cotidiano.

Porque cuando uno sostiene una taza, y aunque se trate de un descafeinado, pero estrecha a un amigo gatuno y se está frente a una ventana; se puede comenzar el día lleno de energía pero llamando a los deseos y recuerdos más agradables.

Si tengo la dicha de sentir en mi olfato adormilado el olor tostado del grano colombiano y percibir el calor de la mascota, se me olvida que estamos en invierno; que me espera todo un trabajo de arduo día por delante, si tengo unas patas con palmas rosadas y esponjosas en mi mano.

Y me acuerdo del día de verano que el gato asomó su hocico debajo de una pared huérfana de dos ladrillos y su llanto hizo que desviara mis pasos, de todas las veces que lo pisé cuando me seguía por la casa intrigado; y hasta no puedo contener la risa al recordar su costumbre de bailar con las sombras chinas, pero siempre aquí a mi lado.

Tomo un trago dulce de café con leche, se me dibuja un bigote en el bozo, que no puedo limpiar por sostener mi felino; y aunque este se encarga de hacerlo con la aspereza de su lengua que no encuentro tan bienvenida, lo prefiero mil veces al hábito de las personas de tomar el café con un diario en la otra mano.

El latte con chocolate y frambuesa se vuelve amargo con las noticias sobre la inflación y los refugiados, la angustia se instala en la garganta por más azúcar que se le ha cargado; en cambio mi bolita de pelos me mordisquea los dedos y me recuerda que no hay tiempo para tristezas y apuro el trago.

Aprieto contra el pecho al micifuz y los bigotes largos como tanzas se me han clavado, a pesar de que escucho la radio y las noticias pinchan unas tras otras parezco aletargado; con la taza ya fría y los dedos adoloridos por los mordiscos, es mi gato el que me devuelve a la realidad de explotado.

Photo by anete lusina on unsplash
Photo by anete lusina on unsplash

Y dejo mi gato en el piso, haciéndome el apurado pero si fuera por mí bien que haría durar mucho más este ritual que tiene más de cabulero que de oficinista; bien si fuera por mí me serviría otra taza de café y alzaría a mi atigrado, para perder la mirada frente a mi ventana por los tejados.

Porque en los cafés no hay expendedores de gatos, ni pueden entrar o mezclarse entre la gente de los bares para acompañar un ristretto amargo, ni llevar uno o dos para prestarle a algún desafortunado que no tenga un cuatro patas lanudo para acompañar con el cortado; y entonces me quedo en mi casa con mi perezoso, porque tampoco puedo llevar mi ventana que tiene la vista al mercado.

Hasta pienso en la cantidad de combinaciones posibles de acuerdo al gusto del cliente, entonces para el fanático del black coffee un bombay, aunque yo prefiero llamarle viernes 13; un moka para la señora y un gordito persa para apachuchar; al estudiante un café ruso servido por un peterbald con polainas. Ese sería mi bar favorito.

Pero, por más que encuentre disponible la mejor vista de la ciudad, me ofrezcan las variedades más exóticas de los cafetales; tengan el mejor desayuno de los mercados; el café más deseado se sirve en mi casa, frente a la ventana y con un gato entre los brazos.

La cuestión es que, tanta oda al expresso y ailurofilia, taza tras taza y filosofar mirando los tejados pierdo el bondi de las y cuarto, llego tarde al trabajo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here